domingo, 22 de mayo de 2011

Por qué no habría ido a Sol

Escribo estas líneas en una situación particular, por la cual creo que no estaré informado de los acontecimientos del día hasta pasadas bastantes horas, pero si todo procede como está previsto los concentrados de Sol desoirán la prohibición de la Junta Electoral Central y mantendrán su campamento durante la jornada de reflexión. Si tuviera que apostar a algo, diría que la policía no intervendrá y que los acampados seguirán en Sol varios días más, para jolgorio de los medios y de los tertulianos . Pero el objetivo de esta entrada no es hacer predicciones que el tiempo puede rápidamente desmentir (al parecer, acerté): el objetivo es simplemente intentar explicar porqué no comparto los métodos ni el fondo de la protesta.

Haré un esfuerzo por no ser condescendiente. Esencialmente porque, si esto hubiera ocurrido hace diez años, yo habría estado allí. Sé lo que es participar en una movilización, sé lo que es sentirse en posesión de ideas que parecen contener tanta verdad como un teorema (“democracia es el gobierno del pueblo, ergo la democracia asamblearia es superior a la representativa”) y la sensación embriagadora que supone ver que esas verdades en apariencia palmarias, que el mundo parecía obstinado en no querer ver, por fin están teniendo la repercusión que se merecen. Por eso, voy a intentar reunir algunos argumentos concretos que (creo) me habrían hecho reflexionar de encontrármelos hace unos cuantos años.

Para empezar no iría a Sol es porque me parece injustificable violar la jornada de reflexión. Vivir en un “sistema de libertades”, sean éstas consideradas sólo “formales” o tan puras como las predichas por los sistemas utópicos, implica que en ocasiones las libertades de los individuos entran en conflicto, de modo que éstas han de ser reguladas. Más allá de la incoherencia que supone reivindicar un derecho constitucional (como es el derecho a manifestación reunión) cuando se declara la invalidez de nuestro sistema democrático, es evidente que ese derecho colisiona con otro derecho: el derecho a votar libremente. Nuestro sistema tiene unas instituciones que son las encargadas de resolver este tipo de conflictos, y en este caso han optado por resolver este conflicto de un modo razonable: los concentrados en Sol disponen de multitud de fechas al año para hacer oír su voz, luego es natural que cerca de unas elecciones prevalezca el derecho a votar libremente. Pero demos una vuelta de tuerca: imaginemos que quienes amenazan el derecho a voto fueran un grupo de extrema derecha bien organizado, que amenaza con agredir a quien acuda a los colegios electorales. Con acciones de este tipo los totalitarismos se hicieron con el poder el siglo pasado, dando lugar a sistemas mucho peores que los imperfectos sistemas de libertades que derribaron y es natural que existan mecanismos que prohíban ciertos comportamientos. El razonamiento para mí se extiende a las fechas anteriores, cuando la concentración de Sol fue ya prohibida. Sí, ya sé que sin desobediencia civil negros y blancos no se sentarían juntos en EEUU y demás, pero también creo que hay modos de ejercitar esa desobediencia sin lesionar derechos fundamentales de los demás ciudadanos. Y la desobediencia civil, no lo olvidemos, ha de tener como objetivo cambiar la ley, que es la única barrera medianamente decente que tenemos contra la arbitrariedad. Comenzar a crear supuestos en los que es justo saltarse la ley implica entrar en una peligrosa espiral.

El segundo motivo fundamental por el que no me pasaría por Sol es porque, simple y llanamente, no estoy de acuerdo con lo que parece ser su principal motivo de indignación: la falta de representatividad de los partidos políticos. Sin embargo hay que recordar que nuestros partidos políticos, con todos sus defectos, han acumulado millones de votos en las últimas elecciones, de modo que algo de legitimidad tienen, comparados con los manifestantes. Además, creo que existen partidos políticos que gustosamente incorporarían sus propuestas de cara a las elecciones del domingo (si es que no las llevan ya incorporadas), caso de Izquierda Unida. Promoción mediática del ideario no falta estos días, y podríamos considerar las elecciones del domingo un buen momento para comprobar si las propuestas de esos millares de personas concentrados en Sol tiene un apoyo mayoritario. Una de las reivindicaciones implícitas de los concentrados parece ser una mayor dosis de democracia directa. Aunque es una reivindicación que puede ser discutida, no estaría de más recordar que en Italia, Suiza o EEUU tenemos ejemplos de países donde los ciudadanos son consultados periódicamente sobre los más variopintos asuntos y no creo que estén mejor desde el punto de vista de las libertades políticas que España.


El tercer y último motivo que daré (el Zeta de hace diez años me habría mandado a freír espárragos hace tiempo) es que sus “propuestas económicas” me parecen, en el mejor de los casos, inanes. Ya he explicado que en temas económicos no estoy muy fuerte e intento defenderme con prudencia, pero hay una serie de asuntos en los que no creo que los concentrados hayan pensado. Para empezar parece que los manifestantes se oponen a los recortes, pero mi pregunta es: vista la situación desastrosa en la que están las finanzas públicas ¿cómo pagamos los servicios públicos? ¿queremos endeudarnos más? ¿con quién? ¿con China? ¿qué supondría eso a medio y largo plazo? Parece también que una posibilidad de evitar los recortes es no ceder a las presiones de la UE. Muy bien: ¿estamos dispuestos a ir hasta el final y salirnos del euro? Otra opción es la solución “a la islandesa”, cuando no está muy claro lo que Islandia va a hacer ni las consecuencias que tendría para el país no atender a sus obligaciones internacionales. Hay además una gran indignación por los préstamos hechos a los bancos, pero me gustaría saber qué habrían hecho los concentrados en Sol ¿negarles la pasta? ¿dónde habrían ido los ahorros de los trabajadores? ¿en qué situación habría quedado la economía? Señalaría además en este punto que ese tipo de propuestas son también defendidas por conspicuos miembros del Tea Party. Por supuesto habrá quien defienda alegremente una campaña de expropiaciones o subidas de impuestos, pero tengo dudas de que sean capaces de predecir las consecuencias reales de todo esto (sobre la inversión extranjera, sobre la creación de empleo, etc...). No creo, en definitiva, que los manifestantes de Sol representan a esa izquierda que entiende (como señala The Economist a propósito del caído en desgracia DSK) que para redistribuir la riqueza hay que crearla. En resumen, manifestarse “contra la crisis y el paro” no sirve de nada si no se dan alternativas realistas.

En fin, podría haber dado más motivos porque creo que en el heterogéneo cóctel ideológico de Sol hay mucho material bastante averiado, pero creo haber dicho lo esencial. Sin duda en nuestra democracia muchas cosas no funcionan bien. Pero también creo que el sistema democrático actual tiene un sutil mecanismo de contrapesos y equilibrios que, en mi opinión, tiene una complejidad que se escapa a los que piden “Democracia Real”.

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